Tu casa no huele a nada
septiembre 26
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Tu casa no huele a nadaseptiembre 26 En uno de los libros de Fundación, la obra magna de Isaac Asimov, un personaje llega a un nuevo planeta y se sorprende del olor. Su compañero le explica que los planetas huelen, cada uno distinto, como si fuera la casa esa de tu colega que siempre huele a gato o la de tu pareja, que siempre huele a promesa. Ninguna casa huele como la tuya propia y cuando vas a otra no puedes sino sorprenderte: es cada casa un olor nuevo, distinto, agradable o no, que se forma en esa curiosa mezcla de comida, humanos viviendo y sudorando y los propios olores de la ciudad, pueblo o aldea que habitas. O como diría un perfumista: ¡Qué curiosa orquestación! (o algo parecido). Hay tantas posibilidades de que una buena idea salga mal al llevarla al mercado que es mejor no pensarlo. En 1998 Procter & Gamble se disponía a lanzar Febreze en Estados Unidos, una especie de Ambi Pur para los no anglosajones(1) sin fragancia que, ojo cuidado, atrapaba el mal olor. Los estudios de mercado habían sido positivos pero el producto, por lo que fuera, no terminaba de arrancar. La idea, sobre el papel, era buena: ¿Quién no querría oler a su alrededor como si viviera en un hospital o en un entorno tan limpio que no huele a nada? Spoiler: a priori, casi nadie. La solución estaba en dos pequeños grandes detalles. Detalles de esos que parecen obvios una vez alguien los soluciona. El primero era cómo se enfocaba el problema que Febreze prometía resolver. Un clásico. Para Febreze la vida no olía bien. Y eso es un problema, uno de esos que nadie quiere reconocer. Pero nadie quiere reconocerlo porque, simplemente, aunque pueda ser verdad, hasta cierto punto no existe. Procter & Gamble, tirando de antropología del consumo, se dio cuenta de que en realidad las personas nos acostumbramos al olor. Si fumas en casa, para ti el olor a tabaco es, como decirlo, hogar. Si utilizas perfumes, detergentes o cocinas especiado, el olor de tu casa (o de tu coche o de tu-lo-que-sea) tiene un ambiente característico. Es tu “aroma” y, sinceramente, cualquier otra cosa, es una agresión. La segunda, y no menos importante, tenía que ver con el momento de consumo y la recompensa. Según la tesis original de Febreze, el momento de utilizarlo era… siempre. A la vez, al atrapar el olor, al usarlo más bien notabas que te habían quitado algo, no que te lo habían arreglado. El equipo de Febreze, con todo esto en la mano, fue capaz de reorientar el producto: un olor ligero y un posicionamiento basado en utilizarlo después de limpiar en casa, como el toque final que te deja la habitación oliendo a hada y no a adolescente pasada de vueltas. Si esto no es pivotar, me dirás tú que es: Quizá para su creador el arreglo fue una forma de empeorar el producto, de destruir el verdadero valor de un descubrimiento (las moléculas atrapa olores) pero los humanos somos así: irracionalmente racionales. Porque a veces, o casi siempre, el éxito no consiste en crear lo mejor para el usuario sino lo que va a ser capaz de usar. (1) Marca española de 1958 que en los 80 compraría la propia Procter. La cita del mes «Él nunca creó productos acabados. Los productos acabados son para las mentes en decadencia.» Isaac Asimov. Segunda Fundación Para estar al día
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Edición y reflexiones locas: Alex Sanz
Diseño e ilustración: Irene Aguilar

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